CONSTRUCCIONES PARA CIUDADES VACIAS, GALERIA LIBERIA ,2017

Iván Hurtado

Construcciones para ciudades vacías

El mundo nos rompe a todos, y después muchos se vuelven más fuertes en los lugares rotos.”

(Ernest Hemingway)

La arquitectura es la ilusión más bella que el ser humano ha creado en la tarea de agregar significado a su

existencia, es la única ficción que logra imprimirse sobre el espacio transformándose en algo tan real

como el mundo, sin embargo siempre será construida enteramente por el ser humano. De la misma

manera el arte es una ilusión, que se atraviesa en el punto de contacto del ser humano con el mundo real,

señalando que su búsqueda por significado siempre será mediada por su propia producción intelectual. El

paisaje a su vez no es simplemente un objeto que se ve, sino que es un instrumento activo de fuerza

cultural y una herramienta central en la creación del contexto nacional y social.

Iván Hurtado (Medellín, 1970) ha dedicado su carrera a atacar la quietud del paisaje y removerlo capa por

capa mediante el arte y la arquitectura, su gesto es señalar que el paisaje es un juego entre el espacio, el

tiempo y la memoria. No es de extrañar que en este intercambio entre disciplinas las construcciones que

realiza como artista evidencien el poder de la ilusión producida por la arquitectura, que desaparece en el

paisaje y lo vuelve funcional, pero que tiene un significado: es la forma monumental en que él hombre se

comunica con el futuro y ahora más que nunca, es una forma que define nuestras relaciones sociales.

Hurtado presenta un cuerpo de obra en el que utiliza la pintura y la escultura principalmente, pero que se

ha movido en diferentes disciplinas durante sus años de trabajo. Su reflexión ataca la naturalización del

paisaje revelando la relación estrecha que comparte la construcción de nuestras ciudades y viviendas con

la historia que queremos escribir. Los materiales y las imágenes que utiliza adquieren igual importancia

que la obra final que produce con ellos. Sus piezas provienen casi enteramente de vestigios del campo de

la construcción, como es el caso de su serie Construcciones vacías. Las imágenes que usa como referencia,

especialmente en sus Monumentos para un vacío o sus Construcciones sobre el paisaje, provienen de diferentes

fuentes entre periódicos, publicaciones impresas, mapas y fotografías tomadas de reseñas en internet.

Estos elementos son la muestra de su interés por señalar los métodos mediante los cuales conservamos la

imagen de nuestra huella en el presente, como una clara representación de la acción que realizamos para

proyectar un relato dirigido al futuro, y que se genera a partir de ese deseo de escribir nuestra historia, o

de sobreescribir aquella que ya no nos resulta útil. En su gesto Iván Hurtado construye paisaje, señalando

que este es una acción humana y no un hecho independiente; un hecho real que es a su vez una

representación del espacio y un espacio presentado; un espacio real y una simulación. No es gratuito que

Hurtado intervenga mapas de la geografía colombiana en su serie Mapas del tesoro, porque el paisaje para él

no sólo representa el control del humano sobre el territorio, sino que también naturaliza ciertas

construcciones sociales y culturales.

En su obra Bandera, una pieza de tela intervenida con costura, puede leerse la frase “Aquí se construye un

país moderno”, la pieza recuerda nuestra obsesión con crear relatos que nos permitan imponernos sobre

el territorio mediante la ficción y la palabra. Las construcciones e imágenes presentadas por Hurtado

aluden a la forma en que hemos entendido el progreso mediante la presentación del paisaje nacional. La

frase, tomada de una señal de bienvenida en una valla publicitaria de un pueblo antioqueño, señala la

importancia de reconocer la trampa del progreso que maquilla el contexto. Para Iván Hurtado esta acción

de progreso se resume en un concepto que ha encontrado en las ciencias políticas y que se ha llamado

“trampa de pobreza”, para él esta trampa conceptual mantiene a ciertos integrantes de una sociedad bajo

control con la promesa de un país mejor, de un país que se proyecta hacia el futuro, aún cuando en el

presente no realice ninguna acción para mejorar.

Cada obra producida es un gesto de remoción de la historia que evidencia lo mucho que nos hace falta

para construir un relato coherente. En la Eneida, una de las obras cumbres de la literatura antigua, se

describen las visitas de Andrómaca al cenotafio que erigió en honor a su difunto esposo Héctor. Virgilio

—el autor de dicha epopeya— llama a este cenotafio un simulacro de tumba, y este funciona como

elemento en el paisaje que permite honrar la memoria de aquellos que perecieron en la guerra. La palabra

cenotafio traduce de forma literal tumba vacía, y fue para los griegos una construcción que tenía también

por objeto evitar que las sombras de aquellos que no habían recibido sepultura anduviesen errantes un

siglo. Hurtado presenta una suerte de Cenotafios en sus Monumentos enfrentados, la construcción geométrica

que se visualiza en la obra puede ser interpretada como un monumento en el cual se remueve la figura del

héroe nacional. Este gesto de eliminación nos recuerda que no solo el país ha perdido su conexión con los

llamados héroes de la patria, sino también que hacen falta esos cenotafios que nos recuerden a quienes

han muerto, para honrarlos y que su recuerdo no deambule otros 50 años sin un lugar en donde

concentrar la memoria de sus actos.

La historia es un juego de búsqueda de significado, miramos los hechos y buscamos en diferentes

expresiones contemporáneas la línea de tiempo de un relato coherente, el significado es sólo aquel que

logre ser impuesto por la sociedad sobre su propia existencia. Iván Hurtado purifica sus formas al mejor

estilo del concretismo brasileño o de la Bauhaus, propone geometrías que se imponen en cada pieza que

produce pero que a su vez interrumpe con fragmentos del contexto, a veces crudo y sin color, como si en

el fin de la tierra todos los vestigios de la historia de los hombres se descompusieran en una gran

explosión, mezclados con los fragmentos del mundo que nunca fueron intervenidos y luego, la gran

presión del espacio infinito los fundiera en nuevas piezas de manera aleatoria. Estos fragmentos, vestigios

de la acción humana y de la pura casualidad del universo, serán reacomodados por un nuevo creador de

significado, y esa historia será leída en la infinidad del tiempo y el espacio, de todas las maneras posibles.

Cada imagen y cada construcción en la obra de Hurtado señala que aún sabiendo que la lucha por escribir

la historia del ser humano es una lucha contra la infinidad del tiempo y el espacio, nosotros, habitantes de

la contemporaneidad, conservamos cada fragmento, que tiene un significado palpable para nuestra

existencia. Porque aún cuando sabemos que todo el espacio y el tiempo pueden suceder en un solo

instante, queremos conservarnos a nosotros tal y como hemos sido, o por lo menos tal y como nos

recordamos. Iván hurtado lucha por señalar la importancia del paisaje, trata de recuperar la historia de

cada uno de los fragmentos que queda después de la explosión de las construcciones que hemos

generado, porque esos fragmentos nos representan tan frágiles y efímeros como siempre, tan humanos

como siempre.

Diego chavarria Restrepo

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