SIN PODER

Iván Hurtado y el futuro de la memoria 

 

La historia es objeto de una construcción 

cuyo lugar no es el tiempo homogéneo y vacío, 

sino el ‘tiempo actual’, que es lleno. 

Walter Benjamin1 

 

 

En “Sin poder”, Iván Hurtado demuestra que los materiales no serán más un obstáculo para expresarse. Luego de haber estudiado arquitectura en Medellín y artes plásticas en Salzburgo y en São Paulo, presenta una exposición conmovedora y desbordante, en la que su compromiso con el futuro reaparece trazado por la memoria. Los múltiples des, aquel prefijo que niega o invierte lo simple, pueden encontrarse por doquier en cada una de sus intervenciones. Destrucción, desvanecimiento, desencadenamiento, desaparecidos, desdibujos, descendimientos, desgaires… No poder hacer, no poder volver, la impotencia política, administrativa y judicial, hacen parte de las negaciones, pero a su vez, de la situación ante la cual se operan resistencias, de manera consciente o inconsciente. Por tanto, las huellas de las ausencias, de las devastaciones, de los horrores y dolores, están presentes en “Sin poder”, un conjunto de diez intervenciones que podrían conformar un pueblo, si acaso el tiempo pudiera resarcirse. 

 

Siete letreros de bienvenida, construidos con hojas de metal cuidadosamente pintados por un artista popular, sorprenden por el contraste que genera el anuncio del progreso y el desarrollo, en una población donde la violencia ha tenido lugar. Un monumento-pedestal construido en madera, con las cerámicas de un baño dibujadas y con una placa de mármol sin inscripción, rememora la plaza principal de un parque. 18 pinturas en acrílico de pedestales sin próceres anuncian la ausencia de poderes protectores posibles, quedando acentuada la fragilidad de su dureza, por el cartón industrial sobre el cual fueron pintados. Acompañando esa misma expresión, tres sombras pintadas en acrílico sobre desperdicios de placas de drywall, recuerdan la utilización de materiales de la primera posguerra en los comienzos del siglo XX, tal como fueron empleados por los impulsores de la Bauhaus. La estructura de una casa, como un esqueleto dibujado, remarcan el vacío y la ausencia que deja la destrucción por incendios o bombardeos, y algunos objetos reposan adentro otorgándole solemnidad a un conflicto que se ha expresado con sangre, lágrimas y dolores. Tres mesas donde se expone el “laboratorio de 

memoria”,2 como las llama el artista, contienen diversos objetos, entre los cuales algunos cuadernos y libretas han sido intervenidos, y en dos telas tejidas por su madre pueden contemplarse los croquis de Segovia y El Salado, dos poblaciones donde el conflicto también arreció con sus estruendos. En siete lienzos pintados con acrílico, con tonos rojos y rosas, amarillos y azules, pueden contemplarse los retratos de algunos guerrilleros. En dos televisores, dos personas reiteran el nombre de días, devorándose el tiempo, como si intentaran conducirnos a un paroxismo. Un puente caído, que fue dibujado por piezas en momentos distintos, aparecen reunidos en un solo cuadro, conservando el rastro de su imposible recomposición unitaria; y una torre, al parecer eléctrica, fabricada con trozos de madera por el artista, reposa sobre el suelo como después de haber sido dinamitada. 

 

El conflicto colombiano atraviesa entonces esta exposición, en la cual el artista demuestra una habilidad en la utilización de materiales diversos que no interrumpen lo que desea expresar: hacer memoria, resistir con la memoria. En uno de los letreros de bienvenida, se anuncia: ‘Hacer memoria es compromiso con el futuro’, en lo cual, dice el artista, se “resume mi exposición”.3 

 

Fabricación de la memoria que no se limita a arrancarle al olvido las huellas del pasado, sino a superponer en el presente el pasado constitutivo. El historiador mexicano Enrique Florescano, lo planteó del siguiente modo: “Si las nuevas generaciones están obligadas a conocer el presente, es conveniente que lo hagan a partir del pasado que ha construido ese presente”,4 toda vez que el tiempo se nos presente lleno, atiborrado de posibilidades, prometiendo un futuro en el cual existan puertas, intersticios por donde pueda entreverse que las resistencias dan paso a la salvación, a la esperanza. 

 

Mateo Navia Hoyos